Lo observó maravillado durante unos minutos, era exactamente igual a sí mismo...

“era exactamente igual a sí mismo…”

No hace mucho tiempo, un chico cualquiera de diecisiete años, descubrió que tenía un maravilloso talento para el dibujo. Decidió tomar clases para pulir sus habilidades y cuanto más dibujaba, más realistas eran sus dibujos. Poco después se dio cuenta de que las cosas que dibujaba comenzaban a cobrar vida y a salir del papel. Asombrado, dibujo cientos, tal vez miles de objetos pero pronto se canso pues todo lo que creaba no eran sino pobres y aburridas copias de los originales. Durante algún tiempo estuvo deprimido, pero un buen día tuvo una idea, si no podía crear objetos fieles al original lo intentaría con una persona. Inmediatamente, se levantó y cogió todos los materiales que necesitaba para su propósito. Un bloc de dibujo, unos lápices, borradores, etc. Recorrió las calles pero ninguna persona parecía dispuesta a que la retratase nuestro joven amigo.

No obstante, no perdió la esperanza, volvió a casa y se sentó frente a un espejo, dibujaría un autorretrato. Línea tras línea, fue formándose una imagen de él mismo. Cuando hubo acabado, aguardo y aguardó durante horas pero el dibujo permanecía inerte. Cansando de tan agotadora jornada, volvió a la cama.

Al despertar fue a mirar su dibujo pero el cuaderno estaba en blanco. Confundido, recorrió la casa y lo vio, una copia exacta de sí mismo estaba haciendo el desayuno, como si el mismo fuese el original. Lo observó maravillado durante unos minutos, era exactamente igual a sí mismo, al mirarlo uno casi podría asegurar que pensaba. Llegados a este punto, la copia se giró y miro a los ojos a nuestro dibujante, como si se asombrase él también de la exactitud de su obra. Cada vez el chico estaba más confuso y comenzó a sentir miedo, miedo de no ser el original, miedo de que su copia le arrebatase la vida que tanto había luchado por conseguir.

Se mareó y tuvo que sentarse, la copia le sirvió un vaso de agua pero nuestro dibujante, furioso, lo arrojó al suelo de un manotazo. Se levanto y le gritó “¿Por qué estás haciendo de mí? Tu eres la copia y yo soy real.” A lo que la copia respondió “¿Por qué crees que yo soy la copia? Yo te dibujé anoche, y ahora piensas que eres real.” A cada segundo que pasaba, las palabras del chico guardaban menos convicción, comenzaba a dudar de su propia existencia. “¿Yo soy yo? ¿O yo soy yo haciendo de él? ¿Él es yo haciendo de mi?” Pensaba, casi al borde de la locura. Se echó a llorar, se tumbó en el suelo y abrazó sus propias rodillas. La copia comenzó a reír. El chico se levanto, estaba fuera de sí, se abalanzo sobre la copia que estaba junto a la ventana de la cocina, justo en el preciso instante del golpe, la copia de esfumo y el chico acabo arrojándose a sí mismo al vacio.

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